Trabajo Remoto

Ya os apañéis como durante los veranos: teletrabajo y maternidad

Pronto empiezan las vacaciones de verano. La opinión pública acaba de perder el interés en los niños. Ya se verá en septiembre cómo irá el próximo curso escolar, que hagan “lo de todos los veranos” mientras tanto. Sólo que los veranos anteriores las familias podían contar con los abuelos, con los campamentos de verano o con las actividades extraescolares. Este año todo está en el aire, todo menos el horario de trabajo de los padres. 

El privilegio de trabajar sin descanso

El hecho de que yo tenga el tiempo y la tranquilidad de escribir este artículo representa mi propio privilegio: la custodia compartida. Es una triste realidad, el hecho de convivir con mis hijos en semanas alternas significa que puedo dedicar tiempo a otras cosas que no sean estrictamente crianza o trabajo asalariado. 

Puedo escribir, salir a correr, hacer la compra sin sobresaltos, sentarme en una terraza, ducharme sin interrupciones. Pequeños placeres que algunas madres (y son en su gran mayoría mujeres) no han podido disfrutar en más de tres meses. 

Además, llevo años teletrabajando. Mi despacho en casa está adecuado para esta modalidad. Tengo el privilegio de trabajar de pie, con lo que mis hijos no pueden alcanzar el teclado o el ratón mientras estoy en una videollamada. 

Sumando ocho horas de trabajo con doce/catorce horas de atención a los niños, no te da ni para dormir lo suficiente. Así que no me preguntes cómo “aproveché el confinamiento.”  

¿De la culpabilidad a la renuncia?

Mi actual horario de trabajo es de 6:30 a 9:00, de 15:00 a 17:00 y de 20:30 a 23:00, además de algunas reuniones que no se han podido adaptar al ritmo de mis hijos. Intento convencerme de que para los clientes en Estados Unidos ya les va bien que trabaje por la noche. Y aún así me preocupa el hecho de que no puedo estar “presente” cuando el resto de la empresa hace vida online. 

Mis hijos están despiertos desde las ocho de la mañana. Estamos apuntados a un curso de homeschooling en inglés, para no tener que reinventar la rueda a la hora de hacer actividades en casa. Aún así, mis hijos son pequeños y para muchas actividades tengo que estar presente para ayudar, guiar, o facilitar. Cuando están inmersos en alguna actividad a solas, voy a por la ropa, a preparar la comida, revisar el correo un momento. Intento convencerme de que así aprenderán a depender menos de mi y ser autosuficientes. Y aún así me preocupa el hecho de que no puedo cubrir todas las necesidades sociales y educativas que puedan necesitar, porque al final del día soy una sola persona. 

Podría renunciar a mis hijos para poder darle caña a mi carrera profesional. O podría renunciar a mi trabajo pero ¿entonces cómo  pago el alquiler o la hipoteca? Mi solución a corto plazo es pasar el verano en casa de mis padres. Ellos me ayudarán con los niños y así podré salir a correr algún miércoles cualquiera por la tarde, mientras escucho al  vecino quejarse de que el bar de abajo tiene un límite de aforo.

El teletrabajo actual no es conciliar, este teletrabajo traslada la presión a los que ya son más vulnerables

Veo en muchos medios que el teletrabajo se está promocionando como la gran solución a todos los cambios que trajo la pandemia. Total, las madres y los padres al borde del colapso no tienen ni tiempo ni energía para organizarse. Cualquiera que mencione que sería genial saber qué pasará en septiembre se le tacha como irresponsable y mala madre por no querer seguir sacrificándose sin más. 

Las empresas pueden ayudar hasta cierto punto. Pueden ayudar a sus trabajadores a adecuar los espacios en casa. Pueden dar más flexibilidad en los horarios. Pero no pueden añadirle más horas al día. 

La conciliación también depende del Estado, que representa a la sociedad y a sus prioridades. La escuela no solo imparte educación y habilidades sociales fuera del hogar. Es imprescindible para la igualdad de oportunidades, tanto para los niños (que no todos tienen los medios en casa para aprender) como para las madres y los padres que necesitan concentrarse, aunque sea, un par de horas al día  para poder ganarse el pan. 

Ésta conciliación es importante para niñas y niños, para madres y padres, para las empresas y para la economía del país. España (o cualquier otro país) no se puede permitir perder el acceso a la creatividad y el conocimiento de las personas que tienen hijos. Así que, cómo mínimo, infórmate y usa tu privilegio del tiempo libre para luchar  por aquellas personas que casi no tienen tiempo ni  para dormir. 

 

Valentina Thörner

Valentina Thörner

Con más de una década trabajando, liderando equipos y enseñando liderazgo (a distancia), creación de hábitos y productividad, tengo la experiencia y el conocimiento necesario para ayudar a otros líderes y empresas a crear los procesos que necesitan para crear su propia cultura remota.

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